Los seres humanos tenemos muchas cualidades que nos hacen diferentes a los animales. Una de ellas sin duda alguna, es el equilibrio.
 
El equilibrio es esa capacidad que nos da la justicia y una percepción apropiada de nosotros mismos. No por nada la misma justicia utiliza su imagen para personificarse.
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A través de esta cualidad, podemos ser objetivos. Nos colocaremos siempre en uno de los extremos de la balanza antes de juzgar a los demás, considerando nuestras debilidades, falencias y defectos.
Pero respecto a género, ese equilibrio debe mostrarse con mayor sabiduría.
En los extremos coloco a los machistas y a las hembristas. Que son lo mismo en el fondo y que procuran lo mismo. En ambos grupos están los que se colocan por encima del otro y se consideran semidioses – y semidiiosas – que deben ser adoradas y servidas sin discusión.
Algunos hombres colocan a las mujeres en pedestales que no les corresponde. Hablan de ellas como “reinas” o “princesas” asumiendo una posición de inferioridad ante ellas. Hablan que deben ser “chineadas” y “cuidadas”, y algunas mujeres se complacen con esas frases.
Quizá el hombre que lo hace lo que procura es congraciarse con las damas. Es el interés de “caer bien”, de verse como alguien ideal y por lo tanto elegible sin importar nada más. Pues les diré que esa estrategia no funciona. La mujer de hoy, esa mujer equilibrada y bien entendida de quién es, no necesita que nadie la idolatre, la proteja o la chineé. La mujer del Siglo XXI es independiente, racional, inteligente y sobre todo, dueña de  sí misma. El hombre que se agacha en una reverencia sin sentido, no es visto como alguien elegible, sino todo lo contrario.
Por su parte, las mujeres caen en el papel de objeto sexual. Se quieren vender como se vende la carne en una carnicería, muestrando piernas, pechos y cadera… hacen las clásicas muecas de “trompitas” como si esto les garantizara un “buen partido”.
No saben caen en cuenta que se están vendiendo baratas. Llamará la atención de hombres sin muchos valores que sólo buscan “carne” y no una relación duradera.
La mujer que se valora, que se precia, no tiene necesidad de recurrir este tipo de imágenes para atraer al sexo opuesto. Sobre todo cuando ya no se es adolescente. No faltan aquellas que se describen en sus perfiles como “Soy una princesa y las princesas no trabajan”… mujeres de más de cuarenta años a quienes ya no les luce andar en estas cosas. Al final son tratadas como se publicitan: descartables, desechables y luego regresan llorando porque un hombre sólo las utilizó.
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El machismo hace gala de frases como: “.. la tengo de 20 cms…”, creyendo que es lo que buscan las mujeres. Consideran que son tan hombres de acuerdo al tamaño de su miembro. Otros, echan mano a sus posesiones, tomándose fotografías con motocicletas, carros y demás.
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Cuando por fin una mujer les acepta su amistad, inician un acoso irracional y absurdo. Creen que la dama está en la obligación de contestar todos sus mensajes. Que ella tiene que estar dispuesta a disfrutar su cuerpo desnudo y su miembro viril. Si esa mujer osa reclamar, entonces son unas putas…. no aceptan que semejante “regalo del cielo” pueda ser rechazado. Por supuesto que con actitudes como estas, JAMÁS tendrán la posibilidad de encontrar a alguien que realmente valga la pena y por la única razón que ellos mismos, tampoco valen la pena.
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¿Y qué decir de las mujeres? Algunas contactan por privado. Si se les contesta asumen de inmediato que el caballero está interesado. No hay espacio para la charla y el conocer. Exigen fidelidad de inmediato y amenazan con “quemar” a quienes “jueguen con sus sentimientos” (entiéndase, que al final no hubo química y la relación no pasó más allá de una simple amistad). Aparecen entonces las denuncias llenas de despecho y de amargura… ¿Cómo luchar contra eso?
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En fin… el equilibrio es básico para una buena salud mental. Nos va a ayudar a mejorar en nuestras relaciones interpersonales. A entender a los y las demás. Primero, nos ubicará a nosotros mismos en donde nos corresponde, exactamente en un plano horizontal con todos los demás. Así respetaremos a quienes son iguales a nosotros y podremos mostrarnos de la forma adecuada.
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Por supuesto que el machista o la hembrista no va a cambiar de la noche a la mañana… pero por lo menos puede intentarlo.
Piénselo… antes de publicar valórese a sí mismo o misma de forma equilibrada. Igualmente valore a los demás, sobre todo a aquellos o aquellas que forman parte del sexo opuesto. Ni usted, ni yo ni nadie, está sentado en un trono por sobre los demás… todos somos “igualiticos”.